Luego de la incertidumbre por la pandemia, pareciera que la industria del streaming se consolidó definitivamente este año con la irrupción de manera más competitiva de nuevos competidores y el regreso al primer nivel creativo de HBO.
The Underground Railroad (Amazon Prime)
Desde el punto de vista artístico, o si se quiere, desde las posibilidades que el lenguaje audiovisual pueda correr sus fronteras hacia un territorio en que lo visual y lo narrativo se funde en una combinación de autónoma plena (y no de subordinación, como sucede en la tv estándar), esta serie se levanta entre lo más brillante de los últimos años. El debut televisivo de Barry Jenkins (Moonlight) está basada en la ganadora del Pulitzer homónima, y trata de un grupo de negros afroamericanos quien, a mediados del siglo XIX, se escapan de las plantaciones de algodón hacia estados abolicionistas, a través de un improbable ferrocarril subterráneo.
Su protagonista es Cora (Thuso Mbedu, brillante) , una joven que refleja el horror en sus ojos y que a medida que avanza en su escape se encuentra con nuevas corporalidades de mal y la violencia. Su rara combinación entre la violencia y sadismo del “hombre blanco” (personificado en el cazador de esclavos encarnado por Joel Edgerton) y los atmosféricos ambientes que parecen advertir el horror en el aire, como si se tratara de un peligro a lo Lovecraft, exige una contemplación pausada y atenta, por la sofisticación de su puesta en escena y por un ritmo que se introduce en la interioridad de sus personajes. Como una crítica la describió, se trata de un realismo mágico fantástico pero del mal, lanzándonos a la cara el racismo y desprecio por otros humanos pero intentando descifrar que nervios mueven sus acciones. Este viaje alucinatorio por las oscuridades del alma es tan suntuoso visualmente que puede parecer contradictorio, pero en sus imágenes hipnóticas se juega una forma de narrar que restituye la representación más que una descripción de los hechos. Con lo arriesgado de su planteamiento, mereció de Amazon Prime una mejor promoción al momento de su lanzamiento, algo que también ocurrió el 2020 con la estupenda y poco vista Tales from the loop.
It’s a sin (HBO Max)
El creador y showrunner de esta serie, Russell T. Davies, está detrás de Queer as folk, Years and years, y del renacimiento de Doctor Who. O sea, es un genio por derecho propio. En Gran Bretaña es una leyenda y con su última serie, It’s a sin, pagó una deuda desde los tiempos de Queer as folk: no haber tocado el tema del SIDA en sus inicios. Ambientada a inicios de los 80’, la serie cuenta las vidas de un grupo de jóvenes gays que transitan despreocupadamente entre fiestas y sueños de libertad, mientras una desconocida epidemia empieza a mostrar su cara.
Inspirada en los amigos de Davies que murieron de SIDA, la historia gira en torno a la amistad y sentido de protección de una familia adoptiva que no advierte a tiempo del peligro que se cierne, tal como la familia de Years and years frente al peligro del totalitarismo político en Europa. Por ello, en su inicio todo es fiesta y sexo, canciones y fiesta, hecho con un encanto y personajes entrañables que solo Davies sabe crear. El contrapunto se va formando a medida que pasan los capítulos y la muerte los acecha, agregando dosis de dramatismo tan intensas como el desenfado con que se inicia. Pese a hablar de SIDA y lo que eso implica, el autor no deja de lado el relato festivo y superficial si se quiere, porque de esa forma nos conectamos con sus personajes, sus miedos y sus deseos de evasión. El elenco es notable y la banda sonora, mejor aún. Davies hizo el milagro de hacer un retrato luminoso sobre los tiempos del SIDA, lo que no es menor.
Succession (HBO Max)
La tercera temporada de la saga familiar de los Roy, logró la proeza de ser mejor que las anteriores. La historia de este grupo familiar dueño de un conglomerado mediático, y cuyas ambiciones y luchas de poder internas revelan un amplio abanico de mezquindades que no por nada ha sido comparada con las tragedias de Shakespeare. En esta season, el patriarca Logan (Brian Cox) había quedado a mal traer luego de la embestida de su hijo Kendall (Jeremy Strong), pero la habilidad para entretejer nuevas artimañas para seguir ostentando el poder, da cuenta de un elaborado tablero de ajedrez donde cada uno de los hermanos tiene no solo algo que decir, sino que algo -inesperado- que hacer.
La tensión que emanan las escenas de disputa y dominación, los diálogos fríos y filosos, los secundarios ubicados tras la figura que más les convenga, y los intersticios del poder económico y político, son llevados a un alto estándar por el showrunner Jesse Armstrong, como si fuera una obra del bardo -concretamente Logan se asemeja a un Rey Lear rodeado de alimañas- en que la traición parece ser el alimento que guía a esta galería de seres despiadados.
Mare of Easttown (HBO Max)
Debo reconocer que, al principio, no me impresionó en demasía la serie, por comenzar como el típico producto de suspense pueblo chico, infierno grande, y la protagonista llena de traumas y grietas. Pero el cocimiento a fuego lento del devenir de su protagonista, una intensa Kate Winslet, va mostrando las capas de una clase media empobrecida que va sacando su frustración a través de la violencia y las drogas. De cierta manera, el personaje de Mare es el contenedor de todas las heridas y traumas del pueblo, una especie de personaje simbólico que se sacrifica por los pecados de otros, y esa cualidad le da su espesor dramático tan singular. Serie de aspecto sencillo pero amparada en poderosas actuaciones, Mare of Easttown se pone en línea directa con otras series policiales del tipo True Detective, e incluso muy superior a la celebrada The Killing, con quien guarda más de una similtud.
Ted Lasso (Apple TV)
El premio a mejor serie de comedia en los recientes Emmy, podría dejar un manto de sospecha sobre la originalidad de esta producción de Apple TV. Eso porque la sobrevaloración de las comedias americanas lleva a la prensa a ensalzar productos rutinarios y oportunistas disfrazados de audacia. En Ted Lasso, por el contrario, las intenciones son sencillas y transparentes: poner en colisión dos formas de humor tan opuestos como puede ser la estadounidense de la británica. Lasso (Jason Sudeikis) es un bonachón entrenador de fútbol americano, naif y de chistes fomes, que es contratado engañosamente para dirigir un equipo de fútbol de la Premier League para salvarse del descenso. Ted es una especie de cabeza de turco para ser sacrificado como venganza, pero su contraste con la acidez británica provoca el milagro. En ese sentido, ese humor tontorrón termina siendo su sobrevivencia y el motor de una serie que en este contraste va escudriñando en el día a día de personajes más normales de lo que parecen en una primera mirada. En su segunda temporada, el optimismo del inicio empieza cambiar hacia un tono más agridulce y donde Ted muestra sus propios conflictos, mientras que otros personajes evidencian pliegues que antes no estaban, incluyendo la traición. Pero esta es también una serie sobre fútbol, y el mundo del camarín, las relaciones entre compañeros, la desazón por los resultados y el día a día del Richmond FC, son mostrados como pocas veces se ve, con detalle, humor y cariño. En ese sentido, la aparición de Ted Lasso fue quizás la mejor compañía en los momentos más oscuros de la pandemia, y su segunda temporada, mantiene el nivel, agrega secundarios entrañables y convierte a su entrenador en un personaje que queda en la memoria, lo que no es poco.
Fuera de este listado de series, pero también destacables en el formato más impreciso de Miniseries, hay que destacar a Misa de medianoche (Netflix), la confirmación de Mike Flanagan como un consumado especialista en terror, y Secretos de un matrimonio, el vital remake del clásico televisivo de Ingmar Bergman, dirigida por Noah Baumbach (Netflix).


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