Siete joyas escondidas para ver en streaming

¿Por qué es tan difícil encontrar títulos excepcionales en las plataformas de streaming? Películas buenas hay muchas, pero aquellas que marcan época, generan fanatismos o sorprenden por sus virtudes específicas son escasas de encontrar. Los algoritmos no ayudan mucho y la ausencia de curatoría especializada se ha convertido en una de las mayores falencias de plataformas como Netflix, Amazon o Disney+.

Las recientes críticas de Martin Scorsese y del cineasta alemán Christian Petzold sobre la ausencia del factor “humano” en la curatoría, es un rasgo que las plataformas más masivas no han logrado -o no han querido- solucionar. Salvo los casos de Mubi o Filmin, la enorme marea de contenidos que nos inunda día a día va dejando tras de sí esta ausencia creciente de títulos imprescindibles que cualquier cinéfilo debiera ver con mayor facilidad.

A propósito del sorpresivo estreno en Netflix de la enorme First reformed, de Paul Schrader, armamos una pequeña lista de títulos claves de las últimas décadas en la cinematografía americana, algunas ya canonizadas como clásicos u otras que por su audacia formal o narrativa requieren de una visibilidad mayor.

FIRST REFORMED (Netflix)

Paul Schrader, el gran guionista de Taxi driver, Toro salvaje y Mishima, tiene como director una carrera más irregular pero con varias cimas, como Hardcore, Affliction y la propia Mishima, una vida en cuatro capítulos. Criado en los fragores más rígidos del calvinismo, la obra de Schrader ha discurrido en una permanente fricción entre mantener la fe y buscar una trascendentalismo más allá de los límites que la aprisiona. En First reformed, el sujeto torturado es el padre Toller (Ethan Hawke), un sacerdote de una iglesia reformada holandesa que busca encontrar el sentido de su vida entre tragedias personales y una iglesia que no tiene feligreses. Un día, una joven esposa le pide que ayude a su marido, quien se ha convertido en un ecologista radical que no quiere que su futuro hijo nazca en un mundo condenado al colapso, por ello insiste en que ella aborte. Seca, de una austeridad formal que jamás se hace pesada y un Ethan Hawke que parece un personaje de Dreyer, decir que trata de una crisis de fe es menospreciarla. Indaga en la desesperación cuando la fe no alcanza, y de hacer lo que sea para apaciguarla. En tiempos wandavisionados, este filme no solo nos reconcilia con el gran cine, sino que nos permite creer que no todo está perdido.

EL REY DE LA COMEDIA (Amazon prime)

Filmada inmediatamente después de Toro salvaje, esta cinta de Martin Scorsese toma como central uno de los temas que ya estaba incubándose en Taxi driver: las vidas privadas como espectáculo y la utilización de estas como carne de las agendas de los medios masivos. Scorsese parece tomar el relevo de otros filmes que cuestionaron la orientación ideológica de la cultura de masas, como Network y Tarde de perros, pero va más allá al instalar la idea de una sociedad alienada que ve en el espectáculo de los medios la proyección de su propio deseo de reafirmación. Rupert Pupkin (Robert De Niro) es un mediocre aspirante a humorista que solo desea que el famoso presentador Jerry Langford (Jerry Lewis) le permita mostrar sus talentos en su show televisivo, y hará todo lo que sea posible para que pueda, no solo verlo, sino que aprobarlo. Despiadada e inmisericorde, la cinta es la plasmación de las ideas de Guy Debord sobre la sociedad del espectáculo, donde es la forma de relacionarse socialmente a través de estas imágenes , lo que caracteriza a las sociedades en los tiempos actuales y el germen de la democracia moderna organizada en torno al concepto de opinión pública.

EL FARO (HBO GO/Movistar play)

Con solo dos largometrajes, Robert Eggers se ha instalado en la primera fila de los realizadores más originales y atrevidos del género de terror. En La bruja (2015), sorprendió su maestría en la puesta en escena y en crear malsanos ambientes apelando al folclore y los ritos paganos. Pero con El faro (2019) se adentra en territorios más complejos sicológicamente y lleva más lejos una estética que desciende directamente de las grandes obras maestras del cine mudo. Evitando la corriente del terror contemporáneo centrado en los giros argumentales, lo de El faro es una construcción (¿o destrucción?) del marco sicológico inicial de sus personajes. Un viejo vigilante de un faro ubicado en una isla perdida de Nueva Inglaterra (Willem Dafoe) recibe a un aprendiz para introducirlo en el trabajo (Robert Pattinson). Las tensiones entre la jerarquía del trabajo, la realidad deformada por el encierro y la mitología (del mar, del mal, de la masculinidad), son opciones abiertas por Eggers y mantenidas en todo el metraje, transitando hacia un estado de locura y pesadilla que deja chico al Polanski de Repulsión (1965). Para ello, la elección de filmar en el formato de 1:19:1 y usar celuloide en original blanco y negro, es una decisión radical que sorprende por la fotografía y la posibilidad de construir una puesta en escena riquísima en posibilidades sensoriales. Lo que pudo haber sido una suma de caprichos de director avant garde, tiene un correlato en la enorme interpretación de Dafoe y Pattinson, escalofriantes en su capacidad de ser poco predecibles y entregados 100% a la destrucción de sus personajes. Hay que decirlo de una puta vez: Willem Dafoe es el mejor actor de la galaxia.

BLOW OUT (Zoowoman)

Blow out, también conocida como Estallido mortal, es indisoluble del gran filme de Michelangelo Antonioni, Blow up, donde se plantean las distintas percepciones visuales ante un hecho en apariencia real. En este título de Brian De Palma, la inversión se hace hacia el sonido, en la piel de un sonidista de filmes clase B (John Travolta) quien al grabar sonidos en un puente, captura accidentalmente los sonidos de un accidente de auto que no es lo que parece. Deudor del mejor Hitchcock, De Palma construye una historia paranoica y llena de giros, donde la reconstrucción de los hechos desde el sonido es relevante para exponer por segunda vez lo que ocurrió, ente caso, la muerte de un connotado político. Y es a su vez un filme sobre el cine, narrado fotograma a fotograma para revelar verdades ocultas, tanto en imagen como en sonido. Estrenada en 1981, la fama por esos años de De Palma estaba inclinada hacia Vestida para matar, Carrie y Caracortada, pero es con este fascinante filme sobre las apariencias que entrega su mejor obra, una donde los hechos expuestos, por más que los veamos o escuchemos, suelen esconder otra cosa.

VAN GOGH, A LAS PUERTAS DE LA ETERNIDAD (Amazon prime)

Hay una clave para entender esta enésima biografía sobre Vincent Van Gogh: “el arte no surge al observar otro arte, sino que al observar la vida”. Las palabras son de su director, Julian Schnabel, quien es un afamado pintor que llegó al cine para construir un lenguaje que pudiera entenderse desde las formas, los colores, los sentidos. Más que otros filmes suyos como Basquiat o La escafandra y la mariposa, es aquí donde Schnabel siente la libertad para retratar los últimos días del pintor holandés no desde los hechos sino que desde los estados de ánimo. Las largas secuencias donde Van Gogh recorre la Provenza solo buscando la luz perfecta, o su conmovedora inadaptación con el mundo humano, sirven para enfatizar su conexión casi religiosa con la naturaleza, una inmolación que el descomunal talento de Willem Dafoe expone con un abanico de sentimientos a veces difícil de describir. Schnabel es un cineasta intuitivo, que rechaza los dogmas narrativos y el clasicismo, y acá logra la cima de su carrera con una exploración visual que con pinceladas de la vida del pintor -gracias al mítico guionista Jean-Claude Carrière (colaborador de Buñuel y recientemente fallecido)- logra un filme que es un misterio puro: de un personaje, de la vida y del arte. Lo de Dafoe es tan grande, que ni el Oscar le hubiera hecho justicia a un trabajo que es emoción pura. Quizás por ello se premió el 2018 a Rami Malek por Rapsodia Bohemia.

https://youtu.be/hYxfgqiQ68Q

BARTON FINK (Zoowoman)

La primera etapa de los hermanos Ethan y Joel Coen, que va desde su debut en Simplemente sangre (1985), hasta 1998 con El gran Lebowski, es absoluta y totalmente brillante. El humor negro, los guiños al terror clase B y la ácida radiografía al ciudadano americano del interior, convirtieron a estas cintas como Educando a Arizona o Fargo, en clásicos indiscutidos. Pero acaso el mejor título de esta galería inolvidable sea una que explora como ninguna los vericuetos de la mente y los terrores del proceso creativo: Barton Fink. Corría 1988 y los hermanos no podían concluir el guión de De paseo con la muerte (Miller’s crossing). Por ello, lo dejaron de lado y escribieron uno sobre los problemas creativos de un escritor en su paso al cine. Y luego de estrenar aquella cinta de mafiosos (1990), se prodigaron en este filme que bebe del Lynch más surrealista y de las atmósferas malsanas de Polanski. Fink es un dramaturgo que ha conocido el éxito en Broadway con una obra social, y es llevado al Hollywood de fines de los años 20′ al inclemente sistema de estudios donde el escritor es solo un escriba anónimo para entretener a las masas. A Barton Fink le encargan un filme de boxeadores pero está bloqueado, encerrado en un hotel fantasmagórico y con un vecino extrañísimo que podría ser un sicópata y a la vez su tabla de salvación. Acá, todo es una fiesta: los secundarios inolvidables (el personaje que parodia a William Faulkner es antológico), la dirección de arte estilo art decó que transmite calor y pesadilla, el delicado montaje sonoro que antecede a la imagen, y dos protagonistas desquiciados y lunáticos. Decir que es una cinta sobre el bloqueo creativo de un escritor es desmerecerla. Es un filme sobre el misterio que encierra el arte, sobre la condición extrema a que llega la condición humana, desde la belleza de la creación a la violencia del mal, y del absurdo del cine, la industria y la vida. Obra maestra absoluta.

https://youtu.be/UKLwS4odvyw

NETWORK (Zoowoman)

Un veterano presentador de televisión (Peter Finch) es despedido por la baja audiencia de su programa. Decide como cierre, suicidarse ante las cámaras, lo que genera expectación y donde el propio canal lo convierte en un rentable negocio. Antes de la telebasura que nos inunda hoy, el gran Sidney Lumet construyó esta sátira demencial sobre la manipulación mediática y la dictadura de la audiencia, donde nadie se salva y todos son carroñeros sin principios ni moral. El guión ganador del Oscar de Paddy Chayevsky, es tan anticipatorio y mala leche que hoy es perfectamente adaptable a las mazmorras de las redes sociales y la manipulación ideológica de los medios. Los personajes son un deleite, con William Holden, Faye Dunaway y Robert Duvall brillando como periodistas y ejecutivos vendidos al mejor postor, ante el placer morboso de la audiencia. No por nada, el Joker de Joaquin Phoenix la homenajea literalmente en la escena del talk show conducido por Robert de Niro. De todas las cintas ferozmente críticas de su país que Lumet hizo en los setenta, como Serpico y Tarde de perros, Network es quizás la más venenosa y asertiva de todas.


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