A veces, más allá de calculados pasos de marketing, la coincidencia o el azar le dan un sentido especial a ciertas series al momento de su estreno. Operan por un designio misterioso donde resuenan de manera más profunda, conectando con un sentir específico del momento.
Historias del loop (Tales from the loop), la serie creada y escrita íntegramente por Nathaniel Halpern (Legión) y estrenada en abril por Amazon Prime, fue sin querer condicionada por la cuarentena impuesta por el Covid-19, dándole una dimensión sin duda más emocional que conecta con los estados de ánimo y las preguntas que nos rodean en estos días de encierro: la fragilidad de nuestras vidas, la incertidumbre sobre eso que llamamos futuro -y que hoy más que nunca ha perdido su significado-, y el sentido que le damos al paso del tiempo (o a su suspensión).
Basada en la fascinante obra del ilustrador sueco Simon Stålenhag, cuya estética retrofuturista interroga sobre la soledad enfrentada al progreso y el bienestar, Historias del loop sorprende de entrada al evitar los lugares comunes de la ciencia ficción sobre al peso omnisciente de la tecnología y la dicotomía entre libertad y distopía. En un tiempo que por momentos parece la década del ochenta y en otros una era indeterminada, la serie examina en ocho capítulos independientes cuestiones tan básicas como universales: el miedo ante la incerteza del futuro, el deseo de amar y ser amado, el dolor ante la inevitabilidad de la muerte, la búsqueda por conservar un momento de felicidad o la aceptación ante nuestro destino.

El lugar es el pueblo de Mersa, Ohio (EEUU), donde funciona en su subsuelo un centro de física experimental que alberga una especie de matrix llamada The Loop que contiene los misterios del universo. A diferencia de Dark, la serie alemana con la que guarda varias similitudes, nunca se explica qué secretos exactamente guarda en su interior, pero su sombra se proyecta a todos los habitantes del lugar, fundamentalmente a una familia cuya cabeza es el científico y creador de esta máquina (Jonathan Pryce). Hombre brillante pero enfrentado igual que todos a preguntas sin respuestas, este abuelo y padre trabaja en The Loop con su hijo y nuera (Paul Schneider y Rebeca Hall), y es sobre ellos que recae parte importante de las historias. Pero esto no es a la manera de un relato tradicional si no que de una forma elíptica donde cada capítulo recoge alguna anécdota en apariencia cotidiana con el protagonismo de diversos personajes, algunos muy secundarios en otros momentos.
Así, una niña pequeña se enfrenta a la desaparición de su madre que busca respuestas en The Loop, dos amigos adolescentes intercambian sus vidas con insospechadas consecuencias, una escolar vive un amor fugaz en una dimensión paralela que le hace sentir lo efímero de la felicidad, o un niño experimenta la finitud de la vida. Parecieran ser resúmenes dignos de La dimensión desconocida, pero esta serie que cuenta con la producción ejecutiva de los cineastas Matt Reeves (la próxima The Batman) y Mark Romanek (Nunca me abandones), utiliza esta idea de lo fantástico o extraordinario no como una consecuencia de la ciencia ficción sino como una reflexión filosófica sobre los límites de la experiencia humana. Por ello es que la tecnología, o lo que nos puede sugerir un cierto futuro, es apenas una pintura que ilustra las historias como un mar de fondo, sutil y asordinado. La pregunta parecer ser: ¿podemos seguir siendo humanos a pesar de la tecnología?
La meticulosa ambientación entre la recreación de una época similar a Stranger things y una estética futurista desvencijada, la serie adopta un tono melancólico y un ritmo pausado para profundizar en la interioridad de los personajes, cuyos actores, en su conjunto, ofrecen una performance de una delicadeza conmovedora. A menudo son los silencios y las miradas de estos sobre su entorno los que construyen dramáticamente el relato, guiando las historias desde su matriz sci fi como viajes en el tiempo, dimensiones paralelas o androides humanizados, a un punto en que la revelación o el misterio no es lo importante sino cómo los humanos se enfrentan a ello. Ahí se diferencia radicalmente de Black mirror, cuyo enfoque más político instala el conflicto entre tecnología, consumo y libertad.

Es un punto arriesgado que la serie enfrenta con simpleza y contención. En un momento particularmente vulnerable de la civilización, donde nuestra idea de porvenir se acota a un par de semanas sin siquiera saber cómo será ese nuevo orden cuando el mundo sobreviva a la epidemia, el sentido que le damos a lo que somos y lo que hemos construido se conecta con la serie en una fibra íntima y poderosa, pero no por eso densa. Es un camino no exento de dolor e incertidumbre en que estos personajes aprenden a lidiar con la duda y el destino, tal como nosotros encerrados en nuestras casas. En ese aspecto de conexión emocional profunda, la música del genial Philip Glass y Paul Leonard-Morgan funciona de manera tan evocadora que complementa de maravillas el delicado entramado visual y narrativo.
Vivimos en un pesimismo reinante, pero esperanzados en que todo debe cambiar. Estamos inmovilizados, pero haremos todo lo que esté en nuestras manos para construir un futuro mejor. Sea lo que sea que ocurra, esta crisis nos ha obligado a detenernos bruscamente, a examinar lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer o hemos perdido. En esa grieta profunda nos conectamos con la serie. Más que vislumbrar un futuro colectivo y optimista, compartimos con ella esa inmovilidad que es tanto miedo como incertidumbre. Todavía estamos pensando individualmente en cómo salir de la pandemia y sus consecuencias, y la ética individual de la serie nos comparte sus dudas. Son personajes solos, desconectados, abriéndose paso en un mundo no hostil, pero si lleno de preguntas que no logran entender. O que están intentando entender. Tal como nosotros.
La serie cae eso sí en los peligros propios de las producciones episódicas, como el tener cualidades disparejas de sus capítulos y el riesgo de mantener la atención cuando no hay una continuidad ni un plot argumental que la pueda sostener. No todos los capítulos funcionan perfectamente bien aceitados en su nervio dramático; algunos podrían durar considerablemente menos. Pero los más logrados capítulos son de un belleza y sensibilidad extraordinarias, especialmente el capítulo 3 (Estasis), dirigido por Dearbhla Walsch, sobre un fugaz amor de juventud, el cap. 7 (Enemigos), a cargo de Ty West y que examina con audacia el mito de Frankenstein, y el cierre titulado Hogar, con dirección de Jodie Foster, una pieza magistral sobre la aceptación de nuestras pérdidas que es capaz de derrumbar hasta al más rudo. Un cierre de altísimo nivel para una serie original y que resuena poderosamente en nuestro presente.
Historias del loop (Tales from the loop)
Creada y escrita por Nathaniel Halpern
Elenco: Jonathan Pryce, Rebecca Hall, Paul Schneider, Duncan Joiner, Daniel Zolghadri.
Amazon Prime video


Agregar un comentario