La espera: tensiones sociales y sexuales en el Chile profundo

La búsqueda de la Compañía Teatro del Terror por explorar caminos expresivos dentro de un estilo de imaginería tan cinematográfica es, ante todo, un esfuerzo valioso y que ha logrado apuestas muy interesantes, como su adaptación de “El pelícano”, de August Strindberg (2015).

Hay un trabajo persistente en la generación de climas opresivos y una poética afincada en el recurso escenográfico que la compañía dirigida por Javier Ibarra ha desarrollado con imaginación. En su adaptación del famoso cuento del escritor nacional Guillermo Blanco, “La espera”, el colectivo se adentra en un terreno de inquietante sicología en torno a la venganza y el miedo, en el contexto del campo chileno a comienzos de siglo XX.

El relato de Blanco es la narración de una llegada inevitable, oscura y maldita, que viene a cobrarse venganza y que transcurre casi completamente en la mente afiebrada de la mujer del patrón del fundo. En esta versión escrita por Iván Fernández, se opta por marcar la tensa coexistencia social entre latifundistas e inquilinaje y un fuerte erotismo entre el bandido y la mujer. La historia es la de un bandolero (Claudio Riveros) que asola el campo del Maule en los años treinta, y que cuando está violando a una mujer, es sorprendido por este patrón (Nicolás Pavez, también codirector) quien lo lleva detenido a su fundo a la espera de la policía. El bandido es baleado y mientras se espera a Carabineros, sus heridas las limpia la esposa del hacendado (Soledad Cruz).

La introducción deja claro que este conflicto social está fuertemente remitido a la atracción erótica de los personajes. El deseo casi a nivel telúrico, la atracción por cierto imaginario salvaje asociado al sexo y la sumisión son los elementos con que los directores Ibarra y Nicolás Pavez examinan a nivel más sensorial, junto al discurso más explícito de la marginación del campesino que engendra violencia y que más que venganza busca reivindicación.

Si bien hay elementos que permiten situar el relato dentro de un clima inquietante y perturbador con las proyecciones de un bosque fantasmal, ciertas licencias en la interpretación y el uso de la música y los efectos sonoros, el relato es fuertemente literario y el eje dominante son las conversaciones entre la mujer y el bandido, con un texto que apela a cierta poética de la marginalidad que recuerda a Juan Radrigán y que en términos generales no se conecta del todo bien con el clima que se pretende crear.

En este aspecto, los elementos de la puesta en escena se van progresivamente perdiendo en esta preeminencia de lo literario y donde el insalvable choque y/o resentimiento de clases resulta reiterativo y obvio. A diferencia del cuento original, donde la tensión social era apenas un barniz y la construcción sicológica del miedo era lo importante, el montaje remarca la marginación del bandolero y la larga historia de abusos y humillaciones del campesinado, sobretodo en una escena en que el esposo narra los peligros de una clase trabajadora sublevada.

A la luz de las urgencias actuales, la relación entre clase, género y sexo resulta inevitable pero no arroja una mirada original y/o provocadora. La tensión sexual obvia entre la mujer y el bandido, expresada de buena manera en esa “animalidad” del bandolero, se diluye pronto en lugares comunes e ideas ya explotadas. Si bien es destacable la convicción de Claudio Riveros por dotar de densidad y furia a un personaje casi siempre fuera de sí, sus contrapartes no logran equilibrar ese peso dramático especialmente con el personaje del patrón, quien le hace poca justicia al talentoso Nicolás Pavez, al situarse en una suerte de cliché del opresor histórico.

Compañía siempre imaginativa en sus ideas de puesta en escena, esta vez incluso el sugerente decorado de madera parece quedar solo en una buena idea mal desarrollada o quizás excesivamente ambiciosa para su naturaleza predominantemente literaria.

“La espera”

Dirección: Javier Ibarra y Nicolás Pavez

Dramaturgia: Iván Fernández, basado en el cuento “La espera” de Guillermo Blanco

Elenco: Claudio Riveros, Soledad Cruz Court, Nicolás Pavez, Carol Henríquez

Diseño integral: Rocío Hernández

Música: Juan Carlos Hernández

Audiovisual: Alex Waghorn

Teatro Sidarte, miércoles a sábado, 20:30 hrs., hasta el 19 de mayo.


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