In-Edit: comentario a dos filmes de la muestra

En este post comentamos dos filmes exhibidos en la reciente versión del Festival In-Edit, concluido ayer. Dos formas casi opuestas en entender la reflexión documental en torno a la tradición musical. Una en torno a la idea de “biografía oficial” y la otra sobre la mirada en torno a la identidad que genera la música.

“Chasing Trane”: una mirada higiénica de un genio torturado

Un volcán de la naturaleza y un músico para el cual la palabra “belleza” tuvo que resignificarse. Dos de estas ideas sobrevuelan este documental sobre John Coltrane, el saxofonista tenor que fue una de las cumbres del jazz moderno y figura central de la música del siglo XX.

Dirigido por John Scheinfeld (autor de “The U.S. vs. John Lennon”), el filme examina la vida de Trane desde su infancia, su profunda religiosidad y el trabajo incesante por lograr el sonido que le diera sentido a su vida. Con testimonios de jazzistas como Sonny Rollins, Wayne Shorter, Benny Golson y su hijo Ravi Coltrane, críticos, biógrafos, un filósofo y hasta Bill Clinton, el filme intenta reconstruir con detalle los aspectos más importantes de su vida.

En ese sentido, el documental es pródigo en anécdotas, valiosos registros de archivo fotográfico y de sonido, y las entrevistas a sus hijos complementan la visión de un tipo consagrado a la perfección artística y a su intensa espiritualidad. Desde su temprana formación, en la orquesta de Dizzy Gillespie, Coltrane destacó por su obsesión por perfeccionarse más, buscar con ahínco el sonido que fuera más allá de lo que se hacía en ese momento. Su dos estancias en el quinteto de Miles Davis, la segunda de ellas con la formación que grabó “A kind of blue” (1959), el disco de jazz más importante de la historia, y la seguidilla de obras maestras que lanzó como “Blue train” (1958) ,“Giant steps” (1959) y “My favourite things” (1961), son un momento creativo que eriza los pelos por su volcánica fuerza y sonoridad innovadora para ese entonces, y que estaban prefigurando el camino único que alcanzaría su música en los años siguientes.

Pero pese a su nutrida investigación (con grandes aciertos de registros en vivo), el filme peca de una excesiva formalidad para narrar la vida de un tipo contradictorio y torturado. Todos los testimonios, sin excepción, dan cuenta de un intento unidimensional por canonizar su figura sin tensionar sus oscuridades. Sin ir más lejos, su compleja adicción a las drogas es contada de forma muy descriptiva y sin ahondar en el infierno que vivió y del cual emergió el genio creador de “A love supreme” (1965), su obra maestra y una de las piezas capitales de la música del siglo XX.

El sino trágico de la vida de Coltrane, el mismo que torturó a Charlie Parker, Miles Davis y Lee Morgan, y yendo más lejos, a otros genios en la historia del arte, es no haber logrado apaciguar con su talento el intenso dolor de existir, de vivir bajo las contradicciones vitales de quien no logra conectarse con el mundo que le rodea y que busca en la autodestrucción un paliativo a ese sufrimiento que ni el mayor talento puede lograr. De esa zona insondable del alma humana, este correcto documental dice poco, muy poco.

“Where you’re meant to be”: entre la parodia y el homenaje

Aidan Moffat es un cantante que tuvo cierta fama con el grupo escocés Arab Strap. Ahora, más viejo y gordo, toma la decisión de salir a viajar por pequeños pueblos de Escocia para reinterpretar a su manera el cancionero folk. A su manera quiere decir meterle un poco de humor guarro, chistes y palabrotas. Como en un stand up rural, va con su gira divirtiendo a los parroquianos hasta que se encuentra con Sheila Stewart, una cantante de 79 años que es la última heredera de la tradición más ortodoxa de la música folclórica escocesa.

Ella no está para cuentos y de entrada le dice que su manera de reversionar las canciones tradicionales de su país es pura mierda. Como parte de una familia de cantantes y en la obligación de preservar la tradición musical oral de su pueblo, se enfrenta a Moffat, quien duda si lo que está haciendo está realmente bien y vale la pena.

Quizás si lo mejor de este sobrio documental es la calidez con que su protagonista y demás personajes son retratados por Paul Fegan. Más allá del tono un poco extravagante de Moffat, el filme gira hacia un retrato emotivo y profundamente cariñoso por el paisaje humano de la Escocia profunda. Hombres simples, amistades forjadas en décadas y una mujer de carácter como Sheila Stewart enfrentada con dignidad ante la inminencia de la muerte, son parte de una suerte de reflexión sobre la música como factor de identidad y memoria.

Las reflexiones de Moffat son estupendas porque pese al humor y las payasadas, esconden el temor hacia el olvido, a la irrupción de la modernidad que puede poner en peligro cosas tan simples como cantar una canción con los amigos o poder recorrer los fantásticos paisajes del país y disfrutar de su mitología.

Ganadora como Mejor Documental en el Festival In-Edit de Barcelona 2017, el filme recupera el encanto de las pequeñas historias, de esas tradiciones que se niegan a morir y homenajea a esas personas simples que conforman el emocionante paisaje humano de un país.


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