Vigilantes: Manual del buen vecino (de hoy)

A través de un corpus de obras que recoge las crisis más acuciantes del tiempo que nos toca vivir, el dramaturgo Juan Pablo Troncoso ha desarrollado una mirada afilada que observa con distancia y humor este momento de inflexión epocal. Ya sean catástrofes medioambientales (En toda alma hay una marca oscura que es necesario ocultar), las políticas de la violencia estatal (Jugar a la guerra) o las crisis del paradigma antropocéntrico y el extractivismo (Lemuria), Troncoso pulsa teclas signadas por la urgencia y la confusión, a través de textos crispados y con personajes consumidos por su propia desesperación.

Esta atmósfera de Fin de siècle (aunque estamos recién comenzando el XXI) aparece más rotunda en Vigilantes, donde la pluma del dramaturgo se aprecia cada vez más destemplada e irónica, tratando de auscultar quizás las pulsaciones que laten tras este camino que peligrosamente nos lleva a un punto de no retorno. En ese sentido, el montaje que se presenta en el Espacio Bunster de Matucana 100 es probablemente la más crispada de sus obras recientes, y se gira hacia un conflicto humano más cotidiano para ponerse a tono con el clima enrarecido de nuestro país, amenazado por fuerzas peligrosamente autoritarias.

Todo ocurre en un edificio de departamentos, y en concreto, en el hall de entrada, territorio de tránsito donde el que dirige las dinámicas es el conserje. Un asalto registrado por las cámaras de vigilancia alerta a los vecinos, quienes se organizan para enfrentar los peligros del exterior. Como en todo microcosmos, los roles se dibujan de entrada en forma nítida y caricaturesca, usando el humor negro y la exageración para pintar un ambiente que va mutando hacia la violencia, el descontrol y la obsesión por la seguridad.

Crédito: Nico Calderón

Si bien podría suponerse que hasta acá lo que prima es la crítica obvia hacia la deriva autoritaria que subyace al miedo a la delincuencia y la necesidad de encontrar un culpable a los males que nos aquejan, ciertas decisiones de la directora María Figueroa orientan el montaje hacia una singular mezcla entre un desmadre interpretativo y un texto corrosivo y paranoico, y una puesta en escena con un mínimo de elementos. Sobresale un uso imaginativo de las proyecciones audiovisuales, usando ángulos inusuales que ayudan a crear una atmósfera inestable, donde nada cierra con armonía (pienso en el texto, el diseño y las interpretaciones) y lo que prima es un gesto dadaísta, rabioso y juguetón a la vez, para dar cuenta de esa energía destructiva.

Esa disposición escenográfica-visual de las proyecciones e imágenes parecen reflexionar sobre la vieja concepción Foucaultiana de Vigilar y castigar, donde las relaciones de poder se construyen desde quién observa y define los regímenes de violencia que se aplican. Más cerca del cine de terror clase B que de la filosofía, la obra parece plantear en ese desajuste discursivo una nueva era de las relaciones sociales donde este poder se empequeñece en gestos y entornos vulgares (un condominio llamado Altos de Mena) donde el que ejerce ese poder no es el “poderoso” sino cualquiera que se adelante o que grite más fuerte.  

Es interesante ver cómo la dramaturgia de Troncoso ha ido radicalizando sus preocupaciones previas en torno a las diversas crisis que nos toca vivir. Desde el que creo es un momento de inflexión creativa, el estreno de Mirar (2022), su escritura se ha visto teñida de una urgencia vital, menos autoconsciente del discurso y más del gesto paródico, que no teme al exceso y la caricatura, y que por lo mismo se torna irregular a veces. Pero es encomiable el esfuerzo por traducir en un corpus amplio de obras una cierta ambición sociológica por dibujar esta nueva idiosincracia nacional teñida de fanatismos, pulsiones identitarias e infiernos personales y colectivos que a menudo preferimos no ver.

Vigilantes, de Compañía Frente Teatral

Con funciones en Matucana100

Dirección: María Figueroa

Dramaturgia: Juan Pablo Troncoso

Asistencia dirección/Diseño sonoro: Camilo Venegas

Elenco: Mario Ocampo, Linus Sánchez/Camilo Venegas, Valentina Torrealba, Deborah Carrasco

Iluminación: Nicolás Jofré

Escenografía y vestuario: Javier Pavez

Diseño gráfico: Adrián Bais

Diseño multimedia/Mapping: Julián Rudy

Sonido: Gonzalo Soto


Comentarios

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *