¿Cómo representar la memoria política? ¿Cómo recomenzar, una y otra vez desde el arte, una historia política que dé cuenta de la violencia del pasado? Estas interrogantes han sido abordadas de maneras variadas desde diversas disciplinas, donde la reconstrucción -en la ficción- más o menos fidedigna de los hechos se da por sentada como una condición casi irrebatible. Incluso en tiempos de posmemoria, donde los hijos de las víctimas de la dictadura reconstruyen nuevas narrativas para dar cuenta de su relación con la memoria, se tiende a construir desde lo verosímil este vínculo.
El teatro, con su lenguaje mucho más libre que otras disciplinas como el cine y la literatura, curiosamente no ha sido un campo demasiado fértil para digresiones ficcionales que pongan en conflicto este dominio de lo verosímil ante la historia reciente. Desde esa mirada, es valioso lo que propone “Cuando a un hombre lo fusilan y no muere”, de Colectivo Interior y dirigida por Verónica Díaz-Muñiz. Se trata, en principio, de una experiencia de origen autobiográfico de uno de los actores en escena, Rodrigo Calderón, sobre su abuelo José Calderón, quien fue fusilado y lanzado por el río Paine pero que logró sobrevivir. Dado por muerto, fingió su propia muerte y permaneció escondido por años en su propia casa.
Esta historia de contornos improbables, sirve para ejercitar distintos caminos de representación de esa memoria, desde una conjunción por momentos delirante de recursos (teatro físico, objetos, musical) en la que se cruzan el relato principal con otras historias en apariencia poco conectadas, pero que van conformando un mosaico que funciona como un gesto estético elocuente sobre cómo las estrategias de la posmemoria (en este caso de un nieto), es capaz de reflexionar sobre las condiciones en que se (re) construye la memoria.

La puesta en escena, en este sentido, funciona como un campo de experimentación, como un laboratorio en que se proponen diversos caminos “reconstructivos” de ese ejercicio de memoria que acoge ficciones bastante libres en forma y fondo, algunas relacionadas tenuemente (la del desaparecido en el estacionamiento es notable) que toma ecos de la dramaturgia ramificada que ha trabajado Manuela Infante y que proyecta un espesor muy innovador en este montaje. Puede entenderse que la desnudez escenográfica es una hoja en blanco que se va llenando (y borroneando) a medida que el relato adquiere ciertos ritmos y presencias, y en la que incluso sus desbordes también funcionan dentro de esta reinvención del relato que, dicho sea de paso, también es un tipo de testimonio performativizado ya que son los recuerdos del actor sobre su abuelo.
Lo que hace muy original y fresca esta propuesta, es que no busca un impacto ni identificación desde los “hechos”, sino en cómo se construye el proceso de recordar: un proceso zigzagueante, improbable, que requiere ser llenado con la ficción y/o la imaginación. Como dice Ursula K. Le Guin, la imaginación es una forma de conocimiento que busca formas de pensar lo posible y que es una manera de comprender el mundo. En el montaje, ese imaginar la historia de José Calderón adquiere formas y cuerpos imprevistos, convierte el movimiento y este testimonio en procesos performativos que buscan su lugar como un espacio posible para reconstruir esa historia tan singular.

Exponente de un tipo de posmemoria asociada a las interrogantes sobre el cómo representar y decir de ese pasado traumático, el montaje propone una mirada muy potente que incluso en sus excesos plantea nuevas ficciones políticas no desde la verdad sino que desde una resistencia a los relatos hegemónicos que han construido la memoria, situando el cuerpo y la subversión como nuevas formas de crítica.
Cuando a un hombre lo fusilan y no muere
Con funciones en Sala Agustín Siré (Morandé 750) hasta sábado 11 octubre.
Dirección y dramaturgia: Verónica Díaz-Muñiz.
Producción: Maura Aranda
Elenco: Rodrigo Calderón, Eduardo Baeza, Fabiola Álvarez y Maura Aranda
Diseño sonoro: Rodrigo Meneses
Diseño de iluminación y vestuario: Nicoletta Sánchez
Diseño lumínico: Verónica Díaz Muñiz


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