Aprendan del fuego: Políticas del mal, perversiones del mirar

“El arte es aquello que resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia y a la vergüenza”.

Gilles Deleuze

A comienzos de los años setenta, Carlos Lehman era un joven piloto de la Fuerza Aérea de Chile con inclinaciones artísticas: pintaba, escribía poesía, y había estudiado en la Academia de Bellas Artes. Al parecer, también era aficionado a la performance, ya que -se presume- escribía poemas en el cielo con el humo blanco de los aviones. La escasa información en torno a su figura lo sindica como un agente de la dictadura que se infiltró en circuitos artísticos, dentro de la cual expuso su obra magna: una exposición donde presentó pinturas y fotografías de personas torturadas y asesinadas, presumiblemente por él.

Fascinado por esta abyecta combinación entre arte y perversión, Roberto Bolaño lo llevó a la literatura con el seudónimo de Carlos Wieder en la novela Estrella distante (1996), donde bajo la lógica de un relato policial, intentó desentrañar el misterio en torno a Lehman. ¿Era realmente un asesino o quizás solo un diletante con ínfulas psicopáticas? ¿Eran sus pinturas un paso más allá en la vieja aspiración de la pintura por capturar el momento exacto de la muerte?

La novela termina en Barcelona donde un exiliado pintor chileno que lo conoció, dio cuenta de sus últimos pasos. La operación de Bolaño fue ficcionar esta historia manteniendo los (supuestos) datos claves sobre Lehman: su periplo por Concepción, Santiago, Hamburgo y Barcelona, sus encuentros con personas que luego desaparecerían en dictadura y, por sobre todo, la relación que tuvo con el pintor Jaime Rivera, amigo de Bolaño y quien asistió a aquella macabra exposición, y que luego se fue a vivir a Barcelona.

Este dato fue clave para echar a andar la pesquisa teatro-documental de Aprendan del fuego, del colectivo @untalpierremenard y dirigida por Ítalo Gallardo, realizador consolidado en el formato documental. Pero a diferencia de obras anteriores realizadas con la agrupación La Laura Palmer -de la que formó parte-, donde la característica fue trabajar con archivos, testimonios y performers indudablemente reales, en Aprendan del fuego lo que se expone está bajo el inquietante e incómodo velo de lo posible. 

Crédito: Enrique Farías Bargüena

Tomando al personaje literario de Bolaño y las pistas que van surgiendo desde este origen, el montaje va desplegando una serie de estrategias en torno a la ficción y lo real, y las formas en que esto puede o es posible de ser (re) presentado. La fascinante figura de Wieder/Lehman es una especie de maestro de ceremonias que nos introduce como espectadores en esta coreografía de supuestos e incertidumbres en la que opera casi como un personaje de David Lynch, un ser inescrutable que parece encarnar el mal y a su vez el misterio de la belleza que encierra el arte. 

Si Bolaño había trabajado en su novela los datos presumiblemente reales cambiando nombres y apenas disfrazando las acciones, en Aprendan del fuego Gallardo establece un metarrelato con dicha novela y se sumerge en los hechos que dan origen a la historia desde un complejo entramado performativo: una narradora que describe y reflexiona sobre los hechos pero que también se va desplazando de lugar para tomar el papel del pintor Rivera (Heidrun Breier), una inquietante construcción sonora que teje atmósferas cacofónicas y oscuras (Roberto Collío), una cámara sigilosa que crea imágenes en vivo (Poblete) y un actor que intenta darle cuerpo a este fantasma -Lehman- con una pulsación tan sombría como inquietante (Tomás Henríquez). 

Dialogando con dicha novela pero iniciando una pesquisa propia con los cabos sueltos que fue dejando el relato, el montaje se introduce en una puesta en abismo en que los diversos medios en que son presentados los archivos (audio, videos, fotos) van corriendo el límite de la pesquisa documental hacia un terreno abiertamente pantanoso, que cuestiona el terreno de lo verosímil pese a que la organización documental de los materiales es evidente. Ya en anteriores montajes de La Laura Palmer, la inclinación por performativizar los archivos planteaba nuevas preguntas de forma y fondo a las potencias documentales del formato (especialmente nítido en la estupenda Amanecerá con escombros sobre el suelo), llevando las inquietudes formales sobre lo real en escena a un territorio donde los dispositivos parecen reorganizarse en lógicas diversas.

De esta manera, la obra desplaza la pregunta de si una creación artística puede separarse de un autor cuyos actos son moralmente cuestionables, a la más ambigua e inquietante interrogante de cómo crear arte desde lo abyecto y abominable. Las indagaciones y testimonios que Aprendan del fuego pone en escena buscan transgredir esos límites y preguntarnos no ya en cómo se puede representar la (posible) muerte, sino en el acto criminal que funda el gesto creador. ¿Fue posible ese nivel de perversión? ¿Puede la dictadura seguir asombrándonos con nuevas manufacturas del mal?

Aprendan del fuego nos propone una puesta en escena implacable frente a estas interrogantes. Y eso no pasa por dramatizar los eventos presentados, sino por presentar una coexistencia de medios y dispositivos que tensionan y discuten al documento y la imagen como formas de acercarse a la “verdad”. La idea de conferencia performativa con que el colectivo define la obra es adecuada a eso, porque todo el andamiaje de la pesquisa debe bregar con su propia indefinición como tal, y cuyas acciones son un permanente desafío a su poder: el de las imágenes, del testimonio, del archivo, del arte.

Crédito: Enrique Farías Bargüena

En esa lógica, la idea del desplazamiento es clave. En Estrella distante, Wieder no aparece de voz presente, su identidad y acciones la reconstruyen otros personajes, como en Ciudadano Kane. Acá, la performer Heidrun Breier se desplaza por los personajes, encarna por momentos a Rivera (lo solapa, más bien) y también es un narrador testigo que analiza e intenta entender lo que ocurrió y busca significados ocultos en las palabras. Y el verdadero Jaime Rivera, el engranaje clave en esta pesquisa y entrevistado desde Barcelona, también activa un desplazamiento como testigo de la infausta exposición de hace cincuenta años, realizando una estrategia evocativa para preguntarnos cuánto de verosímil hay en esa apropiación. Se asemeja así, como un gesto que cobra fuerza como posible última evidencia de un crimen, a los experimentos intermediales de Gerhard Richter entre fotografía y pintura, en especial a la serie 18.Oktober 1977 (sobre el grupo Baader Meinhof), donde el pintor alemán reflexionó sobre la cualidad realista de una imagen de muerte.

Con ese gesto (del que apenas enunciamos lo mínimo), Aprendan del fuego propone una reflexión notable sobre cómo el arte y sus imágenes pueden hacerse cargo de una política del mal, sobre cómo una pintura se piensa más allá de su medio y es archivo, evocación y performance a la vez, y cómo el crear un archivo desde la memoria conlleva a su vez el instinto de conservación y su propia muerte (lo que Derrida llamó Pulsión de archivo y pulsión de muerte en Mal de archivo). Vaya paradoja, una imagen que existió pero que es ahora imagen mental y debe volver “a la vida” para mostrarnos la muerte que encierra.

En su interrelación entre el cuestionamiento al documento performativizado y las ambiguas operaciones de lo real y la naturaleza medial de las imágenes, Aprendan del fuego aporta nuevas reflexiones a lo que entendemos como formato documental, y propone una apasionante reflexión sobre el mal y las formas en que lo observamos.

Aprendan del fuego

Sala Bunster, Matucana 100, hasta el 10 agosto.

Dirección Escénica y Audiovisual: Italo Gallardo

Dramaturgia y performance: Tomás Henríquez 

Performance: Heidrun Breier

Pinturas, Material de Investigación y Testimonio: Jaime Rivera

Música Original, Imágenes análogas y Música en vivo: Roberto Collío

Edición de video, Técnico AV y Cámara en escena: Patricio Poblete

Diseño de Iluminación: Francisco Herrera

Diseño de Espacio: Colectivo Pierre Menard

Diseño Sonoro: Jorge Silva

Maquetas: Sofía Gallardo

Asesoría Teórica: Iván Insunza

Mediación: Galide Moreno

Diseño Gráfico: María Cristo

Prensa: Pilar Higuera

Registro y Edición de videos: Emiliano Urbina

Registro Fotográfico: Enrique Farías

Registro Fotográfico BCN: Gonzalo Dalgalarrando

Producción: Francesca Ceccotti

RRSS: @untalpierremenard


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