[Series] The Eddy: Cuando el jazz te salva la vida (en París)

Damien Chazelle es tan insoportablemente consciente de su talento, que necesita reinventarse en cada proyecto para demostrar que, en estilos disímiles, incluso opuestos, su mano no pierde la capacidad de asombrar. A menudo un formalista depurado, el director ha conseguido con un puñado de cintas diversas (Whiplash, La La land, First man), estar convertido en una especie de niño mimado de Hollywood.

Más que un autor con obsesiones determinadas, Chazelle parece perseguir una idea del éxito como un concepto sinuoso y repleto de costos que se vale de la propia determinación. En el papel, su primera incursión en el formato series con The Eddy, parece continuar ese camino, aunque a muy poco andar, la apuesta se revela sorprendente y bastante alejada de sus obras anteriores.

Con Jack Thorne de guionista (La materia oscura), The Eddy es un relato en y sobre el jazz. Ambientado en un club de París con ese nombre, gira en torno a Elliot Udo (André Holland), un afamado pianista estadounidense que luego de una tragedia familiar, decide radicarse en Francia y recomenzar en este negocio. Junto a su socio, un músico franco-árabe (Tahar Rahim), intentan mantener a flote el lugar cuya alma musical y emocional es la banda estable que se presenta todas las noches y a la cual Udo se empeña en conseguirle un sello discográfico para grabar un disco.

Chazelle dirige los dos primeros capítulos de la serie y su estilo se advierte de antemano en las notables secuencias musicales de la banda en The Eddy: en largos planos secuencias que van variando el punto de vista narrativo y donde se recoge con brillantez el nervio y conexión especial que se establece entre músicos y público. Chazelle es un cinéfilo aplicado y recrea el estilo de rodaje de la nueva ola francesa y los ecos del cinema verité en las secuencias callejeras que muestran un París muy poco de postal. Pero además es un amante del jazz, y en su manera casi jazzística de filmar parece improvisar movimientos y reacciones de sus personajes, siempre empujados a perseguir el ritmo y nervio de una vida que corre por delante de ellos.

El conflicto principal del argumento es una tragedia que ocurre en el segundo capítulo y que vincula a Udo con una peligrosa banda criminal ligada a la mafia de Europa del Este. Esto, sumado a la llegada de su conflictiva hija adolescente desde Nueva York, establecen los dos ejes narrativos que la serie desarrolla con ciertas irregularidades. Lo singular es que paulatinamente se va alejando de las preocupaciones formales de Chazelle e indaga fundamentalmente en las posibilidades del fracaso como motor y aceptación de vida, a nivel personal, afectivo y musical. En ese sentido, si bien la serie es promocionada como una producción del autor de La La Land, es más bien un esfuerzo colectivo entre el guionista Thorpe y el resto de los directores: Houda Benyamina, Laïla Marrakchi y Alan Poul.

Puede que esta diversidad de miradas le otorgue una espesura dramática y formal más desordenada y vital que el cine a menudo frío y racional de Chazelle. También es cierto que hay capítulos que más parecen disgresiones que se alejan del nudo central y que poco aportan al relato. Pero, por otro lado, el París multirracial y tensionado por la marginalidad se advierte a cada instante, y los afanes documentalistas de la puesta en escena son un buen correlato de una urbe enorme que se abre a las contradicciones del siglo XXI. En ese sentido, The Eddy es un retrato de personajes que le hacen guiños al encanto anárquico de los inicios de Jean-Luc Godard, así como a la vitalidad desbordante de los personajes de Francois Truffaut. Personajes que han encontrado su lugar en el mundo, pero en que además saben que ese lugar puede ser cruel y veleidoso, pero aún así vale la pena vivirlo al 100% de sus posibilidades.

En otro sentido, su búsqueda por encontrar una paleta formal y emocional diversa, contradictoria y zigzagueante, la pone en las antípodas de la cada vez más estandarizada producción de series del streaming (ya ni siquiera del catálogo de Netflix), donde el apego a las fórmulas, los recursos formales y las narrativas empiezan a confundirse cada vez más. The Eddy es así un salto cualitativo en riesgo, audacia y estructura, al que le suma secuencias musicales con más garra y pasión que decenas de documentales musicales vistos en los últimos años.

Porque la música (la dejamos para el final pero no por eso es menos importante) es lo que realmente convierte a la serie en una experiencia poderosa: su banda sonora, compuesta especialmente por el premiado compositor Glen Ballard y ejecutada por la banda The Eddy, es de esas piezas que quedan resonando largo tiempo después del visionado. Integrada por jazzistas profesionales quienes debutan en la actuación, y liderada por el reconocido pianista Randy Kerber, la banda The Eddy ofrece en su ejecución una exquisita combinación de estilos, tesituras y ritmos, desde la balada swing a un furibundo post bop, pasando por guiños al hip hop francés callejero, y se hace adictiva a los pocos capítulos y dan ganas de correr a revisarla una y otra vez en Spotify. La voz principal, a cargo de la polaca Joanna Kulig, la única actriz de este combo jazzístico, es quien puso alma, corazón y tristeza a la extraordinaria cinta polaca Cold war, y así entendemos por qué, más que en su bello timbre, es en la interpretación visceral y dolorida donde The Eddy se nos queda en el corazón.

The Eddy, serie de 8 capítulos disponible en Netflix.

Guión: Jack Thorne

Dirección: Damien Chazelle, Houda Benyamina, Laïla Marrakchi y Alan Poul

Elenco: André Holland, Joanna Kulig, Tahar Rahim, Leïla Bekhti, Randy Kerber, Amandla Stenberg.


Comentarios

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *