Archivos caminados: escucha y memoria performativa en AppRecuerdos

Elisa Montesinos

Lámina 1

Buenos días,
Hoy les quiero invitar a un viaje por el centro de Santiago. Mi ponencia se titula Archivos caminados: escucha y memoria performativa en AppRecuerdos. AppRecuerdos es quizás el audiorrecorrido más ambicioso que se ha realizado en Chile, principalmente por su magnitud.
¿Audio qué?
Primero explicaré qué es el audiorrecorrido o audiowalk en inglés. Es una experiencia multisensorial para un sitio específico que implica desplazamiento en un espacio público mientras se escucha (generalmente con audífonos) una narrativa sonora a través de un aparato tecnológico. En el pasado se han utilizado Walkman o CD Walkman, ipods, mp3 y actualmente teléfonos celulares.

Esta ponencia es parte de una investigación más amplia, mi tesis doctoral sobre audiorrecorridos chilenos recientes y memoria política. En las obras que estudio, la voz tiene un rol fundamental, así como la reflexión y reelaboración en torno a la memoria política. Mi perspectiva es multidisciplinaria desde los estudios sonoros, performativos y mediales. En esta ocasión, analizaré este audiorrecorrido de acuerdo a la perspectiva de Brandon LaBelle en Acoustic Territories (2010).


Lámina 2: Archivos caminados
AppRecuerdos fue desarrollada por la agrupación alemana Rimini Protokoll junto al colectivo chileno Sonido Ciudad para el Festival Santiago a Mil 2017; tiene 5 codirectores entre alemanes y chilenos, uno de ellos es el dramaturgo y académico Mauricio Barría. Al pasar por determinados puntos del centro de Santiago, se activan mediante el GPS testimonios y archivos sonoros vinculados a experiencias vividas entre 1970 y 1989.
La obra se inspira en 50 kilómetros de archivos (2011), un proyecto anterior de Rimini Protokoll realizado en Berlín en torno a los archivos de la Stasi. En AppRecuerdos, los participantes son libres de empezar o terminar el recorrido cuando estimen conveniente, eligiendo entre 129 puntos en el centro de Santiago (el perímetro está delimitado al oriente por la calle Condell, al poniente por Los Héroes, al norte por el Río Mapocho, y al sur por la avenida Santa Isabel). La aplicación es de uso gratuito y está disponible, aunque pocas personas la utilizan y la obra se ha dado a conocer principalmente en “funciones” con caminatas mediadas. Sin un trayecto fijo, cada cual decide dónde comenzar, qué rumbo tomar, cuánto tiempo permanecer en el recorrido o cuándo abandonarlo, a lo Rayuela de Julio
Cortázar.

Lámina 3 y 4: Bitácora
Como parte de la metodología, he utilizado bitácoras escritas y visuales, que dan cuenta de la experiencia al realizar estos recorridos, durante los cuales es posible escuchar de otra manera el espacio urbano y a sus habitantes. O sea, no solo se escucha lo que está en el audio, sino también el contraste con los sonidos que nos envuelven y rodean mientras realizamos el itinerario.
En el fragmento de bitácora que pueden ver, paso por un punto álgido de la ciudad, Plaza Baquedano o Plaza Italia, más recientemente llamada Plaza Dignidad en los tiempos de la revuelta social. En pocos años este espacio se ha transformado bastante, y doy cuenta de mi extrañamiento al verlo con pasto y con gente prácticamente tomando el sol y haciendo picnic,
“donde antes estallaban ráfagas y perdigones”. Al pasar por el lugar suena un tema emblemático en Chile y América Latina, El baile de los que sobran de Los Prisioneros, y ahí sucede algo a lo que alude LaBelle: el cuerpo, la ciudad y la música parecieran sincronizarse como parte de una composición, y uno –en este caso yo– avanza a su propio ritmo, haciendo suyo este espacio de la ciudad tan enajenado por los ritmos productivos.
Así como LaBelle no demoniza el ruido (de lo que se ha hablado bastante en este encuentro), tampoco ve el uso de audífonos y el oír dispositivos personales en la calle como sinónimo de aislamiento. Por el contrario, plantea que es una forma de insertarse en la ciudad con un ritmo propio, distinto a las masas o a la productividad que se nos impone (2010, 97).

Lámina 5:
Quiero invitarles a escuchar un recuerdo que se activa al pasar por un costado de la Biblioteca Nacional. Escuchemos:
[Audio 1 Marcha de las cacerolas]
Algunas anotaciones de mi bitácora:
La mujer dice huevón, con “v”, algo raro en el habla chilena, nosotros decimos
“weón”. Recuerda la alegría y menciona como al pasar la existencia de brigadas, nombra varias y dice que ella pertenecía a una: Patria y Libertad, brigada que estuvo involucrada en secuestros, atentados y asesinatos, además de agitación y violencia callejera.
Los testimonios que conforman AppRecuerdos fueron registrados en los mismos lugares donde ocurrieron los hechos. Como consecuencia, en la experiencia confluyen tres tiempos: el del acontecimiento recordado, el del testimoniante que rememora y el del participante que
escucha y recorre la ciudad en el presente. Esto se evidencia cuando ella dice: aquí (lo que se repite en AppRecuerdos).
Mauricio Barría explica que no les interesaba reunir testimonios oficiales ni buscar una verdad histórica, sino generar una relación de proximidad entre quien habla y quien escucha, como si nos contaran las historias directamente. Como señala Barría, se buscaba suspender por un instante la persona individual para dejar aparecer “la singularidad de un timbre de voz”, una “voz sin rostro” (2020, 141).
Liedeke Plate y Anneke Smelik sostienen que la memoria no sólo posee un marco social y cultural, sino que además es performativa, en cuanto hace presente el pasado de manera que pueda ser experimentado. Estas autoras estudian prácticas artísticas que generan memoria en el mismo acto de representarla. Es lo que ocurre con estas obras.

Lámina 6
Habitualmente pensamos el archivo como un conjunto de documentos preservados en una institución, un museo o un depósito. En AppRecuerdos, por el contrario, el archivo adopta una condición distinta. A través de la escucha en movimiento, los testimonios dejan de funcionar como documentos almacenados para convertirse en experiencias activadas
corporalmente (pasan a ser memorias encarnadas). Las investigadoras Javiera Bustamante y Valeska Navea describen este proceso de manera
muy precisa (ver en PPT) Vamos a un segundo ejemplo, escuchemos:

Lámina 7 [Audio: Tragos para los militares. 1 minuto.]
La voz pertenece a un exmiembro de la Fuerza Aérea que trabajó como jefe de cantina. Relata cómo escuchaba a militares comentar sus delitos y abusos mientras bebían. La memoria que emerge en AppRecuerdos no es homogénea ni lineal, sino fragmentaria y plural. Las voces que aparecen en el recorrido dan cuenta de visiones contrapuestas, muchas veces en conflicto. Al no haber un narrador, cada persona enlaza los relatos libremente. La
obra pone en circulación relatos de víctimas de la represión, pero también voces de personas que fueron opositoras a la Unidad Popular o partidarias del golpe de Estado, en una suerte de polifonía.

Lámina 8:
Lo que ocurre en esta obra no es simplemente recordar un pasado que quedó atrás, sino entrar en una relación temporal distinta. Como escribí en mi bitácora: “Esa sensación de que el pasado se introduce en el presente es constante.” Daniela Hahn define la pieza de audiorrecorrido 50 kilómetros de archivos en Berlín como una “instalación de audio caminable” (2014, 28) y reflexiona sobre cómo estas prácticas artísticas generan nuevos modos de percepción, transformando el espacio en que suceden (2014, 30). Llega a proponer un pasaje entre tiempos/ Cita en el PPT: mientras más camino, más se revela el sugerente poder del audiorrecorrido y más se borronean los límites entre sonido y ciudad, lo audible y lo visual, pasado y presente.
La caminata crea así un pasaje, un espacio de tránsito entre el pasado y el presente en el sentido benjaminiano (Hahn 2014, 35).
A propósito de otra obra, Cómo se recuerda un crimen Villa San Luis, Barría e
Insunza proponen que en el acto de recorrer y escuchar, se abren umbrales y la ciudad ya no aparece “demarcada por zonas de exclusión”. En este recorrer escuchando del que hablan “los diversos ritmos que componen la ciudad” asoman y aparece un ritmo que se opone al ritmo dominante. “Caminar es un acto subversivo”, plantean los autores (2023, 268).

Lámina 9 [A 50 centímetros de Pinochet]
En este fragmento oímos una voz neutra con acento mexicano, que introduce ciertos audios, sitúa (en este caso en el Centro Cultural Gabriela Mistral) y a veces da instrucciones a los oyentes.
No muy lejos de este lugar, mientras escuchaba otro recuerdo frente al antiguo centro de detención Clínica Santa Lucía, sitio de memoria, anoté lo siguiente: “Caminan lentamente hacia mí mientras escucho el relato, dos tipos de anteojos negros. Me estremezco hasta que siguen de largo.” La anotación da cuenta de lo vivida que se hace la experiencia.
La noción de umbral desarrollada por Erika Fischer-Lichte para referirse a situaciones liminales en las que se suspenden temporalmente las categorías habituales, me parece adecuada para entender lo que sucede en estas experiencias. Asimismo, la investigadora plantea que el giro performativo a partir de los años sesenta implica el desgaste del concepto de “obra” y el surgimiento paulatino del concepto de “acontecimiento”, así como la
acentuación en el desplazamiento de los límites entre distintas manifestaciones artísticas (2016, 79-80). Propongo entonces pensar los audiorrecorridos como acontecimientos. Al operar estas piezas como umbrales o pasajes entre tiempos, se produce una experiencia
estética en la que el lugar habitual ya no es el mismo.

Lámina 11
En una charla reciente en Chile, uno de los codirectores de AppRecuerdos, el alemán Aljoscha Begrich, señaló que no lo convencía el audiorrecorrido como formato. “AppRecuerdos es muy solitario –dijo– no funciona porque no hay asamblea”. El que cada cual vaya con sus audífonos, en forma individual, no implicaría, a su parecer, una dimensión colectiva o comunitaria. Me interesa contraponerlo con lo que plantea Brandon LaBelle sobre las “comunidades acústicas” y el fenómeno social, de intercambio e incluso confrontación
que tiene lugar en las veredas: (leer cita en el PPT)
Creo que AppRecuerdos puede entenderse precisamente desde ahí.

Conclusiones
AppRecuerdos transforma el archivo oral en una práctica de memoria performativa que se realiza mediante la escucha y el caminar. Al recorrer libremente el centro de Santiago, los participantes activan voces del pasado, atraviesan umbrales temporales y construyen recorridos singulares de memoria. Escuchamos y habitamos la ciudad de otra forma, y esa
experiencia encarnada sigue resonando después. La ciudad ya no volverá a ser la misma, ciertos rincones se asociarán a recuerdos que antes no estaban en nuestra memoria.
AppRecuerdos nos invita a un ejercicio de libertad y a construir memorias sobre un pasado que todavía está siendo disputado.

Referencias
Barría, Mauricio. 2020. “AppRecuerdos. Témoignage et politique de l’expérience.” Registres. Revue d’études théâtrales 22: 133–143.
Bustamante, Javiera y Valeska Navea. 2018. “Entre lo público y lo íntimo. El lugar del proyecto AppRecuerdos en las propuestas de memoria colectiva-Chile.” Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología 33: 105–123.
Hahn, Daniela. 2014. “Performing Public Spaces, Staging Collective Memory: 50 Kilometres of Files by Rimini Protokoll.” TDR: The Drama Review 58 (3): 27–38.
LaBelle, Brandon. 2010. Acoustic Territories: Sound Culture and Everyday Life. New York y London: Continuum.
Insunza, Iván. Sobre el teatro contemporáneo. Artículos-ponencias-colaboraciones. Cuarto Propio, 2024.
Fischer-Lichte, Erika. 2016. “Experiencia estética como experiencia umbral.” Revista de Teoría del Arte 18: 79–100.
Plate, Liedeke, and Anneke Smelik. 2013. “Performing Memory in Art and Popular Culture: An Introduction.” In Performing Memory in Art and Popular Culture, edited by Liedeke Plate and Anneke Smelik, 1–22. London & New York: Routledge.

Ideas para respuestas:
Redescubrir la ciudad

También la obra implica redescubrir la ciudad. Por ejemplo, en un momento con el audio “La noche en que iba a morir” de Gonzalo Rovira, dirigente estudiantil en dictadura, llego a un punto que me era habitual hace varios años, y por el cual si pasé en el último tiempo fue a la rápida. Me encuentro en el punto donde quemaban libros –esto no lo dice el relato–, pero hay un monolito que lo señala, y la plaza entera está pintada con murales alusivos. De hecho hoy se llama Plaza
de los libros

Democracia de la vereda

Comunidad acústica y ruido:
Tampoco sataniza el ruido:

Como he intentado demostrar, el ruido no es solo una perturbación ambiental. Más bien, proporciona una experiencia clave para la formación de una
comunidad acústica. El término “acústico” debe entenderse aquí no solo
como sonidos que circulan en una situación determinada, sino, sobre todo,
como un intercambio relacional en el que el sonido es también voz, diálogo,
convivencia y confrontación (2010, 82).

Si bien LaBelle propone el concepto de comunidad acústica para referirse a las discusiones entre silencio v/s ruido, este concepto puede servir para analizar lo que sucede con los audiorrecorridos. Estos se suelen realizar en grupo o en forma individual y cada uno va con audífonos, siendo instancias que no necesariamente generan una interacción entre los participantes, pero sí con el entorno: ponen en circulación voces, diálogos, el compartir y la confrontación que menciona LaBelle.
Todo esto en relación con qué se escucha y cómo, qué queda fuera o qué no puede ser del todo articulado y/o escuchado.

Quisiera recuperar otra observación de LaBelle:
“Quiero extender los movimientos pulsantes del cuerpo sónico, entendido como una geografía emocional y encarnada, como una forma-trayecto, para apreciar cómo el paso se manifiesta en acciones políticas más explícitas. Al situar la flexibilidad y la maleabilidad del caminante individual en el centro de una política acústica, el impulso vital de la propulsión rítmica debe escucharse
también en la cascada y la arenga de la reunión colectiva, mediada por la línea de la vereda” (LaBelle 2010, 110).

Caminar por el presente mirando el pasado
Los conceptos de tiempo y espacio, fundamentales para este trabajo, varían de acuerdo a las distintas culturas. Caminamos con el pasado al frente, plantea la pensadora boliviana Silvia Rivera Cusicanqui (2018), inspirada en la cosmovisión aymara. El término nayrapacha se refiere a un espacio-tiempo anterior que está frente a nosotros y la propuesta, más compleja aún, es la qhipnayra futuro-pasado, “para indicar un modo circular y reversible
del tiempo-espacio” (2018, 168), de acuerdo al Taller de historia oral andina fundado por Rivera Cusicanqui en 1983 en la ciudad de La Paz. Como indica la autora, el concepto se basa en un aforismo aymara que se refiere a “caminar por el presente mirando con los ojos del futuro (atrás) y el pasado (adelante)” (2018, 128) y que no tiene solo que ver con el caminar, sino con el hacer, pensar y vivir.
En el marco de esta investigación cobra sentido, pues los participantes en un recorrido caminan hacia adelante, avanzan y en ese trayecto se encuentran con el pasado político, con testimonios y recuerdos, y sus propios saberes se ven sometidos a prueba. La experiencia se produce en el presente, pero tiene imbricaciones en el futuro.


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